La infiltración marxista

Una de las frases más famosas atribuidas a Marx, a pesar de haberla plagiado de autores como Heinrich Heine o Moses Hess, es que la religión es el opio de los pueblos. Pero aun asi, quizás ni el mismo Marx se hubiera imaginado que con su impronta, se convertiría en el padre fundador de una nueva religión como el marxismo. Si bien, lejos de ser una espiritual, su estructura lo hace perfectamente equiparada a una religión secular. El marxismo, convertido en una rama ideológica del idealismo, ha penetrado agresivamente en el siglo XX en las instituciones republicanas del mundo entero y al mismo tiempo, ha sido desacoplado en gran parte de los lugares donde se ha instalado antes del final del mismo siglo, tras su notorio fracaso.

Lastimosamente los partidos políticos y movimientos del Paraguay no están ajenos a las fuertes influencias del fenómeno marxista. Aun cuando existan partidos que hayan nacido exactamente para oponerse a esa filosofía, sus filas están tan mimetizadas con ellas, que pocos son los que notan su clara influencia. Esto tiene mucha relevancia en el país, pues las decisiones de los actores políticos, responden a estas directrices ideologizadas. Aun cuando podría pensarse que la responsabilidad de las políticas socialistas sean del partido de gobierno, es mucho más profundo que eso pues hay una especie de consenso entre los partidos y movimientos en algunos aspectos claramente ideológicos. Algunos de estos factores determinantes, son por ejemplo el aumento del gasto social, el incremento del pago de impuesto y la creación de otros nuevos, proyectos disfrazados como la cuestión de género, aumento del gasto estatal en educación, entre otros que caen muy bien por su cargado sesgo populista, como es característico en las políticas marxistas.

El Congreso paraguayo, a instancias del Poder Ejecutivo, acaba de dar dos fuertes manotazos al sector económico con estas ideas anticapitalistas, como la fijación de precio en la tasa de interés en el dinero platico y el cobro de más impuestos para las actividades de cooperativas. Últimamente se está dando un fuerte discurso para eliminar las exenciones impositivas con la excusa de que es necesario mayor recaudación. El endeudamiento a través de la colocación de bonos pareciera no tener un freno, pues cada vez se está optando mas y mas por el endeudamiento. Aunque si bien son tendencias más bien keynesianas, no hay que olvidar que uno de las más famosas recomendaciones de Marx para liquidar el capitalismo, es el cobro de impuestos bajo cualquier excusa. Y de hecho, las políticas económicas del actual gobierno, están apuntando peligrosamente a crear el caldo de cultivo para la generación de más impuestos para los gastos del estado, lo que desencadenara mas tarde o más temprano, en inflación y estancamiento económico.

La izquierda paraguaya, fiel a sus homólogos del mundo, toman banderas muy atractivas como el caso de la educación publica. Bajo la figura engañosa de que se debe aumentar el gasto público en educación hasta alcanzar el 7% del PIB, el cual de hecho es una realidad, no obstante logran posicionar astutamente la confusión entre PIB y presupuesto público, dos figuras totalmente diferentes. El gasto público en educación es del 3,5% del presupuesto nacional, lo que lleva a muchos a creer que se trata de PIB que es la suma de toda la renta publica con renta privada y buscan elevar al 7% pero no del PIB, sino del presupuesto nacional. De hecho, al sumar inversión publica con la inversión privada, se llega al 8% del PIB en inversión a la educación. Esto es abiertamente ignorado, adrede o no, por los sectores socialistas, tanto de movimientos como de las alas de los partidos políticos tradicionales, donde son muy bien vista la idea de manejar mayor presupuesto público y disponer de más recursos no genuinos, que como bien se sabe, desencadenan en corrupción. En realidad el problema va mas allá, pues la parafernalia estatal es extremadamente onerosa para los contribuyentes paraguayos, pues deben soportar nada más y nada menos que el 54% de su PIB como gasto público, lo que casi deja asfixiado al sector privado.

Otro aspecto a tener en cuenta, es la ideologización socialista en la legislación paraguaya. Por citar solo algunos ejemplos, tenemos las leyes laborales, convertidas en uno de los más rígidos sistemas del mundo en dicha materia, siendo excesivas las cargas impuestas al sector patronal y reservándose prácticamente todos los privilegios para el sector trabajador. Esto aunque a muchos les parezca adecuado, en realidad trae aparejada infinidad de trabas a la inversión, pues se debe soportar no solo con una tremenda carga burocrática e impositiva, sino que obligan hacer pagos por encima de cualquier parámetro previsto en América latina, lo cual no se limita solo ahí, también se carga con todos las imposiciones denominadas como conquistas sociales, como el seguro social y otros beneficios. Viéndolo de esta forma, el sector empresarial se ve tremendamente afectado, pues el nacimiento de una empresa totalmente formal, es prácticamente privativo para los grandes inversores y con muy pocas posibilidades para los emprendedores con menor capital, pues las cargas le son insoportable y por supuesto, obligatorias. Poco se tiene en cuenta que la calidad del salario está relacionado con la capitalización del país, tan combatido por el socialismo y prácticamente se le pretende dar cualidades mágicas a las leyes, por ejemplo cuando se fija un salario por ley, aun cuando el fenómeno salarial, tiene el mismo comportamiento de los precios, pues se trata de fluctuaciones que suben y bajan en directa relación con la oferta y la demanda, respaldadas por las riquezas producidas en el país y no con la legislación. Si fuera así, bastaría con legislar un alto salario para cada trabajador y se sacaría de la pobreza a millones de seres humanos, pero no es así.

El resultado, finalmente es una terrible confusión en todos los sectores, pues a pesar de que incluso se llega a condenar el marxismo en muchos sectores como los partidos políticos, es solo de palabra, porque en lo esencial abrazan totalmente sus principios, lo que convierte al socialismo en una amenaza real a la economía y a las instituciones, pues tienen alta legitimación popular en forma acelerada. No pocas personas creen que las próximas generaciones estarán saturadas de ideas colectivistas por la agresiva campaña de difusión e infiltración en las instituciones y movimientos de los principios marxistas del igualitarismo. De hecho, si no se prevén reformas serias del Estado paraguayo, en donde se fortalezcan las instituciones que pongan freno al desmesurado gasto social y monopolios curriculares, podría decirse que los temores de que las próximas generaciones sean colectivistas, estarán totalmente justificadas.

Hugo N. Vera Ojeda por “Vision Independiente” #2

Deja un comentario